
S naslovom pjesme za djecu, prologom i 24 priče.
Podrijetlo projekta
Godine 1995. umire Jorge, moj otac. Tada žalost postaje tsunami pitanja bez odgovora:
pitanja koja skupljam i čuvam, u iščekivanju da se moje emocije smire i da se odvojim od privrženosti, kao i od poštovanja koje smo naučili ili imamo urođeno, a koje obično projiciramo na naše pretke.
Od tada je prošlo 31 godina. Međutim, upravo su ovih posljednjih deset godina, posvećena mojim najiskrenijim hobiima – slikarstvu i fotografiji kao načinima stvaranja vlastitih realnosti, pokrenula ovaj projekt.
„Ubiti oca“
Kao što je već definirao Freud, „ubiti oca“ odnosi se na oslobađanje emocionalnih, psiholoških i moralnih okova. To je trenutak kada prestajem idealizirati svog oca i uspostavljam vlastite paradigme.
Hibrid između slike, riječi i sjećanja
Slike i riječi koje sadrži ovaj hibrid jednako su stvarne koliko i lažne. One teku, povezujući žive s mrtvima, dok ja – pauk ove knjige s naslovom pjesme za djecu – prodirem u bezvremene prostore, skačem iz jednog razdoblja u drugo i spletem svoju mrežu nasljeđem.
Djelo objedinjuje 24 priče, od kojih su neke popraćene ključnim riječima posuđenim iz Ambrose Bierceovog „Rječnika vraga“. Riječi koje naglašavaju ljudska ponašanja koja je La Fontaine briljantno opisao u svojim basnama: ponos, zavist, požudu, izdaju…
To su nedovršeni priče, otvorene reinterpretaciji čitatelja-gledatelja, jer ove priče, osobne i tuđe, možda podsjećaju na transgeneracijske obrasce koje svi nosimo.
Ovaj hibridni oblik: biografija, autobiografija, introspektivno vježbanje, popis pitanja i sumnji, i spremnik emocija zabilježenih u slikama, nastoji zapisati ono što je postojalo, neovisno o tome odgovara li nekoj provjerljivoj istini ili je proizvod mašte, kako je sugerirao Antonio Gala: „samo ono što je zapisano postoji“, potičući me da u riječi i slike pretočim ono što bi bilo zaboravljeno.
Neizvjesnosti, tabui, pitanja bez odgovora koja su se gomilala tijekom mog života (bilo za dobro ili za zlo) morala su biti istjerana iz mene,
isprazniti tu beskrajnu i nijemu solilokviju kako bih im dala glas i tijelo i time odabrala što je važno, a što nije.
•Priče prenesene s usta na usta, prikrivene aluzije i nedovršeni iskazi bili su temelj moje mašte i moje stvarnosti.
Izbacujući ono što se smatra fotoknjigom, ovdje postoji ravnoteža između dva protagonista: slike i riječi.
Slika gradi priče, a riječi se hrane tim slikama.
Kada slike ne postoje, ja ih stvaram.
Stvaram ono što zamišljam.
Postoji dvostruka igra: slika gradi priču, a priča gradi sliku.
Format i izdanje
•Format: 23,5 × 23,5 cm, usklađen s mojom prvom knjigom „Ne zaboravi me“ (2023).
•Ograničeno samostalno izdanje, 2026.
•Dvojezično izdanje na španjolskom i hrvatskom.
•Tvrdi uvez, 134 stranice, tiskano na Munken papiru.
•Uključuje 49 crno-bijelih slika, osim dvije u hrđavo crvenoj boji, koja predstavlja krvnu vezu.
Con este título, largo, pero profundamente descriptivo, nos adentramos en la producción de la “segunda ópera prima” de Sonja Lukenic, una colección de veinticuatro narraciones, cuentos inconclusos en los que narra la historia, tejida de recuerdos, imágenes e imaginaciones sobre los hombres de su familia, su abuelo, Iván, y su padre, Jorge. A diferencia de su anterior producción, el fotolibro que analizamos dista mucho de ser un homenaje a los hombres de su familia, más bien la autora trata de desvelar diferentes aspectos de su personalidad para intentar analizar sus acciones y alejarse de la idealización a la que tendemos a someter las vidas de quienes ya no están con nosotros en lugar de mirarlas de forma crítica e intentar comprenderlas a medida que vamos creciendo en edad y en juicio.
Para abordar el análisis de esta obra tan personal y diferente, tenemos que hacerlo a dos niveles: el literario y el visual y ver la manera en que ambos se entrelazan y superponen. Sonja adopta el cuento como forma de expresión ya que le permite mezclar en un mismo plano la realidad y la ficción, aquellos relatos que de forma oral le han transmitido sus familiares y aquellos otros que, aunque imaginados, bien pudieron suceder. No se trata tan solo de contar, hay que hilvanar historias y por ello, Sonja busca inspiración en dos autores esenciales: el fabulista La Fontaine, en su manera de identificar los vicios de los seres humanos mediante la aparición de animales en su relato y de Ambroise Bierce, el amargo Bierce, autor del Diccionario del Diablo cuyas definiciones nos ayudan a enmarcar y a cerrar muchas de las narraciones que forman parte del libro. Por eso los protagonistas tienen un avatar animal, no para mostrar sus vicios sino para definir las claves de su carácter: Iván, el guepardo, el animal hermoso que es el más rápido en huir y Jorge, el camaleón, capaz de camuflarse en cualquier momento y situación. Pero hacía falta un personaje más, la narradora, que es la araña que teje los recuerdos, que da saltos en el tiempo y que atrapa nuestro interés enredándonos en la tela que cuento a cuento va tejiendo lenta y sabiamente.
Si nos centramos en las imágenes, lo primero que nos llama la atención es el equilibrio que guardan con la palabra y la capacidad para ilustrar los relatos e incluso, en determinados casos llegar a eclipsar lo que se cuenta debido a su poder evocador que consigue atraparnos por completo. Partiendo de fotos y objetos pertenecientes a la familia y acumulados durante años, la araña mezcla, compone, superpone, altera y logra dar la imagen del personaje a retazos que el lector debe ir uniendo a medida que pasan las páginas. Tenemos imágenes claras con el rostro de los protagonistas, otras que dan forma a los aspectos de su carácter que Sonja se ha atrevido a desvelar tres décadas después: La muñeca cadáver, el peso de la religión o la Cacería, pero también otras que cabría calificar como conclusivas, como el Frankenstein que nos conectan de inmediato con la realidad que la araña ha ido construyendo poco a poco, con cuestionamientos personales y en muchos casos, también con dolor.
Todo ello recogido en una obra autoeditada, hecho que, en palabras de la autora, le concede mayor libertad, con una portada granate, el color de la sangre que vincula a la narradora con los personajes de su libro y que se resume a la perfección en una gran imagen central a doble página en la que figuran Iván y Jorge reflejados en un espejo roto y en medio de sus fragmentos, la araña teñida con el mismo color rojo que identifica visualmente el libro cerrado.
La araña ha demostrado que son posibles los cuestionamientos de los referentes familiares muchos años después y que las personas debemos realizar una tarea de introspección para confrontar lo que realmente fue, lo que nos han contado que sucedió y lo que pudo haber sucedido, que la realidad puede mirarse y reconstruirse desde muchas perspectivas, escribirse, ilustrarse- Solo lo escrito existe, como dijo Antonio Gala- y estar preparados porque no debe atormentarnos nunca lo que puede ocurrir en el futuro sino estar preparados para recibir a un pasado que siempre acecha y que en buena medida determina lo que las personas hemos llegado a ser.