La muñeca cadáver

Papá, el favorito, consentido y mimado, era muy celoso sobre todo si a su hermana mayor le prodigaban cumplidos y regalos. Iván, en uno de sus viajes, trajo a Sofía una muñeca de impresionante tamaño, vestida con un traje a medida, zapatitos y una peluca de pelo natural. Sofia la cuidaba con esmero y orgullosa se la mostraba a las visitas. Era la envidia de las amigas de Pancevo.

Papá observaba en silencio; no soportaba esa usurpación de protagonismo, así que fue maquinando cómo eliminar esa competencia a la que no estaba acostumbrado. Ya no era el príncipe de la casa, la muñeca le hacia sombra.

Aprovechando una ausencia de Sofia, se hizo con la muñeca y la desmembró. No era fácil por su tamaño y dureza. Fue ardua la tarea, pero logró descuartizarla y trozo a trozo la hizo desaparecer. Mientras, Sofia y el resto de la familia buscaban desesperadamente dónde se había perdido o quién habría podido robarla. Él callaba y disfrutaba de su hazaña. Pero el crimen fue descubierto en las letrinas, donde aún flotaban los trozos del cuerpo de la víctima. Sofia, aunque se lo perdonó, nunca lo olvidó. Iván sopesó la rabia y planificación de ese hijo que prematuramente competía por acaparar privilegios; quizás se vio reflejado y por ello no le castigó.


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